domingo, 9 de febrero de 2014

Entre el paisaje y la historia

Seguimos en marcha, sin parar, de aquí para allá. Hoy, quince soci@s del club calceatense de montaña SAMPOL nos hemos ido a caminar entre San Felices y Galbárruli, 17 kilómetros para el común de los mortales, pero nosotros hemos hecho 21. ¿Y por qué?. Porque somos más chulos que un ocho... Y porque cuando disfrutamos con algo no tenemos empacho alguno en alargarlo...
A esta saludable labor hemos dedicado la mañana entera y un poco de la tarde. Hemos disfrutado de un día meteorológicamente perfecto, casi, y de una compañía excelente. Desde el club lo planificamos todo perfectamente, de ahí que haya empezado a llover un poco justo cuando llegábamos a nuestro destino.
Las vistas, magníficas. Casi toda La Rioja a nuestros pies desde Peñalrayo. Y por el camino, nos hemos entretenido con algunas singularidades del pasado y presente de la zona.
Es el caso de las salinas, que, hoy olvidadas y ocultas por la vegetación, sirvieron durante cientos de años para la producción de sal.
Cerca de ellas hemos visitado una de las muchas cuevas que se abren en el terreno de esta zona. He encontrado la siguiente información, entresacada de una información periodística del Diario de Burgos sobre la presentación de un libro acerca de ellas por parte del historiador mirandés, Ignacio Alonso Martínez: "De zona romanizada, como lo era ésta, y después de su vinculación directa con las minas y las salinas, Alonso apunta a su uso posteriormente como refugios de las gentes que huían de los valles, guiados por un líder espiritual formando comunidades, o bien, recoge el autor entre sus conclusiones, por eremitas que buscaban la seguridad y la tranquilidad de los montes. De hecho hay la certeza de que la cueva de mayor tamaño, la de arriba (CREO QUE SERÁ LA QUE HEMOS VISITADO) fue un lugar de culto, y cuenta de hecho con una estructura de columnas que recuerda enormemente a templos posteriores o incluso una llamada criptilla e inscripciones en forma de cruces. «Es un claro lugar de culto, la precisión de las columnas y el elemento estético lo indican, así como la disposición del complejo», comenta".
También hemos pasado junto al monasterio camaldulense, del que en el mismo artículo, del año 2011, puede leerse lo siguiente: "Así, «se formó un dominio extraordinario, con un convento de gran importancia», que recoge restos de época románica para después ir evolucionando al gótico, al barroco y al renacimiento. Después fue desamortizado en el 1820 o 1821, «pasa al desorden total, se intenta vender a manos privadas… luego llegan Carmelitas, luego unas monjas Trapenses francesas que se mueren casi todas de tuberculosis… ha habido muchos intentos de rehabilitarlo», explica Alonso. Hasta que en 1923 llegan los camaldulenses al monasterio de Santa María de Herrera, donde allí persisten bajo la estricta clausura. «Hoy solo hay siete monjes, la mayoría de ellos de origen sudamericano, porque el último español murió hace poco… no ha sido nunca un centro de gran esplendor y poco a poco la camáldula ha ido cayendo», indica Alonso. Allí mantienen el aislamiento, viviendo cada monje en su celda (pequeña vivienda aislada del resto), sin mantener apenas contacto con el exterior, hablando entre ellos bajo una estricta norma que les limita los días y el tiempo, e incluso manteniendo la prohibición de la entrada de mujeres al recinto".
En definitiva, hemos hecho ejercicio y hemos aprendido algo más sobre las muchas maravillas que tenemos aquí mismito, cerca de casa. Una buena mañana de domingo. Otra más. El día 23, nueva cita con el club SAMPOL.